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Pero la creación de ese futuro implica muchas
tareas: la creación de capacidades; la transferencia de tecnologías; el fomento
de las inversiones; la participación de la sociedad civil en los procesos
nacionales de desarrollo y, por supuesto, un llamado urgente a crear y
fortalecer alianzas estratégicas como estas.
Discurso del Presidente Danilo Medina en el acto de Inauguración de la cumbre de cancilleres CELAC-Unión Europea.
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Santo Domingo, Rep. Dom.:
Celebramos la feliz coincidencia de que el
antiguo y el nuevo mundo se encuentren en esta ciudad de Santo Domingo, testigo
inicial de acontecimientos que revolucionaron el mundo y, desde entonces, punto
de encuentro de pueblos y de ideas,latinoamericanos, caribeños y europeos
afrontamos hoy problemas comunes, como las migraciones, el cambio climático y
tantos otros desafíos que nos han llegado con la globalización y la revolución
tecnológica.
Confiamos en que esta plataforma bi-regional
de diálogo político y cooperación nos ayude a abordar algunos aspectos de estos
retos.
Para avanzar en este camino, tenemos la
excelente hoja de ruta que nos proporciona la Agenda 2030 de las Naciones
Unidas para el Desarrollo Sostenible.
Esa agenda marca un hito en la construcción
de un mundo inclusivo y justo para todos. Apunta a un futuro libre de pobreza
en todas sus formas, en el que nadie debe quedarse atrás.
Pero la creación de ese futuro implica muchas
tareas: la creación de capacidades; la transferencia de tecnologías; el fomento
de las inversiones; la participación de la sociedad civil en los procesos
nacionales de desarrollo y, por supuesto, un llamado urgente a crear y
fortalecer alianzas estratégicas como estas.
Todas estas son áreas en las que nuestra
relación bi-regional está llamada a tener un papel esencial.
Esta agenda implica también solidaridad, pues
la financiación para el desarrollo es la principal herramienta internacional
para la implementación de los ambiciosos objetivos de desarrollo sostenible. Se hace necesario, por tanto, que los países
desarrollados cumplan su compromiso de destinar el 0,7% de su producto nacional
bruto a la ayuda oficial para el desarrollo y del 0,15% al 0,20% hacia los
Países Menos Adelantados, ya que las cifras destinadas son aún insuficientes en
relación con las responsabilidades asumidas.
En ese sentido, el Plan de Acción de Addis
Abeba adoptado en el 2015 en el marco de las Naciones Unidas, nos ofrece un
valioso instrumento para impulsar iniciativas y movilizar recursos a nivel
bi-regional que, sin menospreciar nuestras realidades particulares, conduzcan a
una mejor coordinación en los programas de cooperación que emanan del Plan de
Acción CELAC-Unión Europea.
Confío en que estas jornadas sirvan para abordar
en profundidad temas clave como la movilización de recursos y la coordinación
bi-regional, de manera que logremos cumplir con esa meta deseada por todos, que
es un mundo sin pobreza.
Sin embargo, quiero señalar también que, para
el desarrollo equitativo que deseamos los países miembros de la CELAC, tan
importante como la solidaridad es establecer reglas de juego claras y justas en
los mercados internacionales,en este sentido, creo que debemos redescubrir
el enorme potencial que el comercio tiene como mecanismo creador de riqueza y
empleos. Pero, para aprovechar este potencial, debemos
asegurarnos de tener reglas que nos permitan competir en igualdad de
condiciones.
Como ya mencioné recientemente ante la
Asamblea General de las Naciones Unidas, las políticas de subsidios,
especialmente en productos agrícolas, no solo suponen un uso cuestionable de
los recursos públicos de los países más desarrollados, sino también un
obstáculo muchas veces insalvable para nuestras naciones, que no pueden poner
en juego sus mayores activos de desarrollo.
Creo que vale la pena poner este tema sobre
el tapete en este foro y someto a la consideración de todos los presentes esta
reflexión porque, a la larga, poder llevar productos a los mercados europeos
sería una herramienta de combate a la pobreza mucho más transformadora y
efectiva que cualquier política de ayuda para el desarrollo.
Apreciados amigos,
Hay un asunto más del que me gustaría
hablarles antes de cerrar estas breves palabras. Como saben, esta hermosa isla en la que nos
encontramos está en una de las zonas más vulnerables al cambio climático en el
mundo, al igual que muchos de los países que nos visitan hoy.
Hace apenas unas semanas, nuestra región
caribeña fue azotada por el Huracán Matthew, que dejó una estela de
devastaciones a su paso por Jamaica, Haití, Cuba y las Bahamas, e incluso los
Estados Unidos.
Solo en Haití, según las Naciones Unidas, ese
siniestro segó la vida a 546 personas y dejó 2.1 millones de afectados,
convirtiéndose en la mayor emergencia humanitaria desde el fatídico terremoto
del año 2010.
Los efectos adversos del cambio climático
atentan día a día contra el desarrollo sostenible en nuestros países, en
algunos casos destruyendo en pocas horas lo que se tardó años en construir.
La acción global no debe hacerse esperar más.
El Acuerdo de París ciertamente es un avance y confiamos en su pronta entrada
en vigor, pero no debemos descansar hasta que logremos la adopción de un
instrumento legal que, bajo la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio
Climático, sea aplicable a todas las partes y pueda ser implementado a partir
del 2020, año de expiración del Protocolo de Kyoto.
Para los más vulnerables, como los Países
Menos Adelantados, los Países en Desarrollo sin Litoral y los Pequeños Estados
Insulares en Desarrollo, como la República Dominicana, los actuales cambios en
el medio ambiente atentan contra su seguridad alimentaria, la preservación de
sus recursos naturales y, en muchos casos, con su propia existencia.
No queda duda de que el acceso a fondos de
financiación para programas de adaptación al cambio climático y la
reducción de la vulnerabilidad reviste tanta importancia, que debería ser un
punto estratégico en nuestra relación bi-regional.

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